Capacidad de una carrera, programa, unidad o institución para observar, analizar y evaluar su propio quehacer con el objetivo de identificar con claridad sus fortalezas y debilidades e impulsar, en torno a ellas, acciones de mejora para alcanzar sus metas y propósitos. La autorregulación es un elemento clave para asegurar la calidad de los servicios que las instituciones entregan a sus estudiantes y el cumplimiento de su responsabilidad con la sociedad. El desarrollo de la capacidad de autorregulación debe atender de manera conjunta a distintos elementos, teniendo en cuenta entre ellos: las obligaciones o deberes básicos de una institución de educación superior y la legislación local vigente; sus metas y propósitos declarados; las características y necesidades particulares de los entornos locales y regionales de los que participa; y una mirada general de los horizontes globales e interconectados en los que la institución y su comunidad se insertan. Asimismo, debe considerar metodologías, recursos y mecanismos de acción capaces de promover la organización de actividades, políticas y propuestas de innovación que le permitan avanzar hacia el cumplimiento de sus propósitos y proyecciones; la evaluación de sus logros y el desarrollo de acciones de mejora basados en los resultados de dichos procesos de verificación.